11.12.2018

Contra el populismo de la derecha no basta con la indignación moral

Si bien hay una notable tendencia hacia la política de derecha entre los países latinoamericanos, Uruguay parece desafiarla. Para comprender un poco más esta realidad, Claudia Detsch de la revista IPG de Alemania se entrevistó con nuestro representante, Sebastian Sperling. Esta entrevista orientada a un público europeo busca acercar algunos elementos para entender qué hace al Frente Amplio diferente y cuáles son los principales desafíos que enfrenta hoy.

Estridente campaña electoral, tonos fascistas, polarización extrema: así es como Jair Bolsonaro ganó la presidencia en Brasil. Un año antes de las elecciones presidenciales, ¿se está gestando un peligro similar para la democracia en Uruguay?

"Hoy se termina el PT y el año que viene se termina el Frente Amplio". Ese fue el anuncio de página completa del empresario político uruguayo Edgardo Novick después de las elecciones en Brasil. Que hasta el más populista de los políticos de la oposición uruguaya se aleje de los comentarios de Bolsonaro, que glorifican a la dictadura y desprecian a las mujeres, muestra que en Uruguay todo se jugará de una manera mucho más moderada. La democracia uruguaya es sólida, The Economist la ve junto con Canadá como la única democracia íntegra de las Américas. Y eso también se debe a las reformas políticas del Frente Amplio. La confianza en la democracia y en los partidos políticos está disminuyendo, pero sigue siendo mayor que en cualquier otro país de la región.

El sistema de partidos sigue siendo relativamente estable. El FA es parte de los últimos grandes partidos con participación de base sólida. Como resultado de las envenenadas campañas electorales en la región, ha comenzado un importante debate sobre cómo pueden alcanzarse acuerdos interpartidarios contra la desinformación y la difusión de noticias falsas.

Entonces, ¿es Uruguay inmune a las tendencias antipolíticas y antidemocráticas de la región?

No, seguro que no. Está aumentando la influencia política de las iglesias evangélicas y también están ganando apoyo patrones de argumentación populista de derecha. El gobierno del FA puede estar orgulloso de que amplió los derechos de las personas transexuales con la "Ley-Trans" mientras que Bolsonaro llegó a la presidencia en una ola resentimiento homofóbico. Sin embargo, para que el furor de la derecha contra esta supuesta "política de minorías" no encuentre terreno fértil el FA deberá brindar respuestas satisfactorias a los temas que son importantes para la mayoría de las personas. Solo manteniendo este balance será posible separar con claridad la crítica legítima de los efectos de la globalización neoliberal de los ataques directos a los valores de apertura, solidaridad, democracia y derechos humanos.

Hasta ahora, el Frente Amplio parecía tener éxito en esto. En cuanto a los indicadores sociales y estadísticas económicas, el Uruguay ocupa sistemáticamente el primer lugar en las evaluaciones regionales. ¿Está aprovechando esto el FA?

Construir una campaña sobre la base de los éxitos de ayer sería un error que ya casi le costó al FA su última victoria electoral. Es cierto que el FA ha contrarrestado el mantra de la desregulación neoliberal con verdaderas políticas socialdemócratas. Ya impidió la privatización de las empresas estatales cuando era partido opositor y gobernaban quienes son oposición ahora, y lo hizo mediante exitosas consultas a la ciudadanía. Desde que está en el gobierno, ha mantenido una política salarial, laboral y social muy activa. Ha formalizado el trabajo y reducido la pobreza, el salario real ha aumentado considerablemente y los sindicatos han multiplicado su peso político. El resultado es que Uruguay se encuentra en la fase de crecimiento más larga de su historia y que las familias con ingresos medios y bajos se encuentran ahora mucho mejor de lo que estaban cuando el FA asumió el gobierno.

¿Pero?

Estos son los logros de ayer. La gente ahora está priorizando otros temas como seguridad, por ejemplo. El debate sobre la inseguridad puede ser extremadamente alarmista, pero el FA no convence a nadie con estadísticas que demuestren que no es tan grave. Además, las limitaciones del modelo de desarrollo son evidentes. La digitalización de la economía y la configuración del trabajo del futuro, en el que también surgen los evidentes vacíos de calidad y justicia en el sistema educativo y al tiempo proteger los recursos naturales de forma más sistemática: ahí es donde se encuentra un proyecto de futuro. Pero ni una agenda de políticas puntuales, en la que se está refugiando actualmente el gobierno, ni la referencia a los éxitos de ayer, ayudan en este sentido.

Las elecciones en Brasil también fueron contra el PT. En toda la región la derecha movilizó con el objetivo del "fin de la década progresista". ¿Cómo está manejando eso el FA?

El retorno del autoritarismo y de las recetas neoliberales no es sólo el resultado de la ofensiva de la derecha, sino también del fracaso de la izquierda en consolidar y construir sobre sus éxitos. El FA representa una izquierda democrática, liberal y cosmopolita. Su éxito futuro depende de una serie de condiciones. Es muy importante contar con una línea de acción creíble y coherente contra la corrupción. Específicamente, debe disuadir al ex vicepresidente, Raúl Sendic, de presentarse a la reelección en el Senado.

Foto: Comité Parque Rodó, Frente Amplio.

¿Qué más se necesita además de la lucha contra la corrupción para que un partido de izquierda tenga éxito?

Es necesario alejarse claramente de los regímenes autoritarios y antes amigos como son el caso de Nicaragua y Venezuela. Solo con una clara línea en cuestiones de transparencia, ética y democracia puede el FA evitar ser rehén de las aberraciones de otros partidos de izquierda. Para poder continuar con su proyecto político, el FA necesita poner estas cuestiones que mencioné en el centro del debate político. No basta con perderse en una batalla defensiva moralmente cargada y en la indignación ante el populismo de derecha. No se le puede detener sólo con hashtags. Tampoco funciona crear escenarios de horror sobre un posible gobierno del opositor político. Obviamente -véase Brasil- en la decisión electoral, la insatisfacción con lo que existe pesa más que las advertencias de lo que podría suceder.

Un factor del éxito en Uruguay es la unidad en el espectro de la  izquierda, ¿cómo se consigue?

El FA no es sólo una alianza electoral o un movimiento fundado sobre una laptop, sino el resultado de décadas de trabajo conjunto de cooperación y desarrollo. Demócratas cristianos, socialistas, comunistas, anarquistas se unieron en 1971 porque todos estaban igualmente a la defensiva contra un Estado cada vez más autoritario y sólo podían superar juntos la hegemonía de los dos principales partidos conservadores.

Bajo un techo común, todos los partidos y movimientos mantuvieron sus propias formas de organización. Pero dieron al FA estatutos y estructuras de partido. Los procesos internos de toma de decisiones son complicados y lentos, pero democráticos. La mayoría tiene en cuenta las objeciones de la minoría en la medida de lo posible, mientras que la minoría a su vez apoya las decisiones colectivas hacia afuera. El pacto político básico se basa en la fórmula: diversidad ideológica, unidad programática. En lugar de acentuar los opuestos, el enfoque se centra en el denominador común. Pero esta construcción está comenzando a mostrar grietas. El FA muestra signos de desgaste en el otoño de la trayectoria de la generación fundadora. Es obvio que el FA también necesita una renovación del pacto fundacional con el cambio generacional.

Muchos consideran que la fuerza del FA reside en su apertura a las iniciativas de la sociedad civil. ¿Cómo se las arregla para absorber las preocupaciones de base de la población y transformarlas en políticas?

En primer lugar, el FA no es una entidad estática, la alianza no es estática, los sectores más pequeños que lo componen mueren cada tanto y nuevas listas surgen para las elecciones internas. En segundo lugar, los comités de base, por sus estatutos, tienen gran influencia en las decisiones a nivel nacional. Esto significa que, a pesar de la disminución general del número de miembros, siguen muy activos en todo el país. En tercer lugar, hay mucho intercambio entre los diversos movimientos sociales, los sindicatos y el Frente Amplio, porque las personas pasan de militar de uno a otro. Por último, también son importantes los pequeños gestos dirigidos a los movimientos sociales, por ejemplo, cuando el FA abre la sede del partido como base para los activistas durante las manifestaciones. Pero a pesar de todo, hay una brecha entre el FA y la izquierda social y va en aumento.

¿Por qué es eso?

Muchos de los logros más recientes no fueron incluidos en los programas electorales: el derecho igualitario de los matrimonios entre personas del mismo sexo, la legalización del cannabis, el rechazo a la reducción de la edad de responsabilidad penal. Al comienzo todos estos asuntos eran vistos con cierto escepticismo por parte de la administración del FA en el gobierno, la presión provenía de las calles. El hecho de que el FA sea capaz de registrarlo habla por sí mismo. Pero el hecho de que el propio gobierno ya no esté dando grandes impulsos progresistas muestra un cierto agotamiento. Una burocratización ha comenzado. Después de tantos años de gobierno, el FA representa el statu quo. Es difícil tratar de presentarse al mismo tiempo como una fuerza de renovación. Principalmente porque necesita un cambio generacional que está demorado y falta una definición convincente de la próxima etapa. Es por esto que los jóvenes votantes están involucrándose en política a través de grupos de presión concretos, están militando en temas fuera del FA.  

En vista del duro clima político de la región, ¿huye ahora el Frente Amplio hacia un nacionalismo?

¡No, para nada! Aunque el gobierno se encuentra de hecho actualmente muy solo en la región, sus políticas continuarán teniendo un abordaje internacionalista. Un país pequeño no puede permitirse el lujo de ser cerrado, tiene que estar buscando activamente comercio e inversión. Como tal, Uruguay persigue una política de migratoria liberal y ha vuelto a ser lo que era antes de la dictadura: un país de migrantes. Con la diferencia de que los nuevos arribos no provienen de Europa, sino de la región, especialmente de Venezuela, la República Dominicana y Cuba.

Hay incipientes sentimientos xenófobos en la población, expresados por una minoría y se mantienen bajo el radar del debate político de los partidos. Sin embargo, esto podría cambiar si las crisis en los países vecinos se agravan y aumenta el número de migrantes. A esto se suma que el gobierno está tratando de trabajar para lograr una gobernanza internacional más justa y el FA está actualmente involucrado activamente en el debate acerca de cómo deberían estructurarse los tratados de comercio. El gobierno defiende con éxito las regulaciones nacionales contra las demandas de las corporaciones transnacionales ante los tribunales arbitrales internacionales de inversión. La administración uruguaya defiende la agenda de los derechos humanos en la agenda global, recientemente lo hizo como miembro del Consejo de Seguridad de la ONU y ahora como candidato al Consejo de Derechos Humanos de la ONU. En este sentido, el gobierno de Uruguay es para nosotros en Alemania un socio importante contra las tendencias autoritarias, nacionalistas y populistas de nuestro tiempo.

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