20.05.2020

Los días después

Compartimos estas palabras de nuestra directora de proyectos, Valeria España, para volver a sentir que caminamos lado a lado.

Sería un error pensar que todos saben lo que significa. Hay quienes ni siquiera conocen esa sensación producida por la indignación, el dolor, el tiempo perdido; hay quienes no han escuchado sus nombres, hay quien no sabe lo que es recorrer -con la frente en alto o mirando los pies cansados, con el pecho doliendo- ese lomo tan negro, esa avenida de 4 carriles, de luces y sombras habitada de historias.

Es una marcha de silencio, de ausencias, del eco profundo de la impunidad que no deja de retumbar, de esa impunidad que nos explota en la cara cada minuto que pasa sin que se diga la verdad, sin que se repare a la víctimas. Nada nos salva que eso no vuelva a repetirse.

¿Dónde están? Preguntaba el poeta, preguntan los familiares, preguntamos los que queremos preguntar. Pero la indiferencia de muchos es todavía la sólida hebra del dogal que se ciñe alrededor de nuestras aspiraciones de justicia.

Caminamos entre pancartas, rostros capturados en fotografías desgastadas por el tiempo y sus inclemencias, cada voz que los nombra, los hace presentes.

Me da escalofrío cada nombre, cada voz que dice presente, cada suspiro que se cuela entre los pasos de los que no se cansan, de los que resisten. Siento esas palmas que no dejan de golpearse, esa fuerza colectiva que ya no impulsa lo suficiente las conciencias de quienes prometieron liberarnos del abismo de nuestro pasado reciente.

Pero la vigencia de las marchas, el paso de los años y la indiferencia ingente de algunos, nos lacera a todos. El escudo para salvarnos está anclado en la reconstrucción de una memoria que no se traicione a sí misma, que no nos mienta, que no quiera que nos convirtamos en aves que no vuelan, valientes e ilustrados pero que meten la cabeza en el pozo para negar su historia, avestruces orientales que supieron respaldar a un Estado que no ha hecho lo suficiente.

Evocando la memoria, somos al mismo tiempo transmisores, herederos de lo no vivido, representantes contra la repetición y el olvido. En palabras de Calveiro las urgencias del presente son las mismas que nos convocan a evocar el pasado para abrir el futuro, para iluminar los proyectos, el porvenir.

Las heridas sangran aunque no todos vivimos los tumultos, los arrebatos, los operativos con nombre, los sin nombre, las voces que gritaron, las que se fueron apagando, las traiciones, el goce, el miedo, los sueños, los exilios, las ausencias.

Nací en democracia. Pero mi generación también es hija de esta historia. Nuestros hijos e hijas que no han nacido también lo son.

Escribe Valeria España.

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